El lado oscuro de la “Justicia”. Malas praxis de los abogados.


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Yo creo que las malas prácticas no son exclusivas de los abogados. Seguramente en todas las profesiones y oficios hemos escuchado de trabajos deficientes y poco honestos de alguno que otro prestador de servicios. Es más, no hay necesidad de irnos muy lejos, la corrupción alcanza cualquier nivel socio-cultural-económico. Sea rico o sea pobre el sujeto, sea inteligente o ignorante, la corrupción es palpable y apreciada en múltiples formas.

No obstante, en este caso, son bien conocidas las prácticas de algunos abogados a los que, simplemente, así los formo el ambiente turbio de corrupción que se percibe en todo el país. Otros “leguleyos”, practican de este modo el derecho, debido a la herencia de sus “maestros”, quien sea que este sea. Por lo que no les cuento nada nuevo. A algunos otros simplemente no les queda de otra, lo hacen porque simple y llanamente así es el sistema.

Ojo, no todos somos iguales, existimos algunos que decidimos pasar de las tinieblas a la luz. En mi caso, si puedo ser sincero; nadie me ha contado, yo viví la corrupción y la practiqué. Un día abrí los ojos y decidí que la única manera de acabar con el sistema que arropa el ambiente del litigio, era dar un giro de 180 grados y no ser parte en él.

Quisiera que me acompañes a deshebrar esta lectura y al final me compartas qué te parecieron los 5 ejemplos y un bonus, de malas prácticas entre los abogados.

1.- El Impulso Procesal:

Habito milenario y vergonzoso en la que participan algunos abogados, algunos servidores públicos que se prestan para esta práctica, y en algunos casos hasta el cliente.

El “impulso procesal” es la manera linda de llamar a este tipo de corrupción, sí, corrupción. No puede tener otro nombre. ¡Ah! si lo tiene, se le puede llamar: “el moche”, “la mordida”, el “toma pa’ tus chescos” etc, etc, etc.

Este pésimo habito, básicamente se trata de persuadir al servidor público a realizar su trabajo a cambio de una retribución económica, también conocida como dádiva. He escuchado en alguna ocasión, que existen servidores públicos que hasta le ponen precio a sus servicios.

No me sorprende, ni me espanta. De hecho yo llegué a practicar el “impulso procesal”. Es de sabios reconocer el error y la hipocresía de quejarse de la corrupción de los altos funcionarios de gobierno, para luego de practicarla, decir: “es que así es el sistema” “es que todos lo hacen”.

Mi intención no es señalar a nadie, mucho menos juzgar, sino concientizar. Es inmediatamente incongruente señalar la corrupción del prójimo y lanzar la piedra al pecador, sin antes revisar nuestra propia condición.

Mientras haya tiempo, motivemos a otros a cambiar el sistema aparentemente “inamovible”, inyectando nuestro ejemplo como granito de arena para derrocarlo.


2.- Deslealtad entre contrarios:

Algo que le sigue al primer punto es la “deslealtad entre contrarios”. Esta práctica del mismo nivel que la anterior, pues en ocasiones van de la mano ¿a que me refiero? bien, muchos abogados tienen el ego tan grande, que no soportan perder y buscarán ganar el asunto a costa de acuchillar al contrario.

No es necesario que lo hagan literal, solo basta con que el abogado del actor o del demandado, se ponga en sintonía con algún servidor público a cambio de alguna retribución, sea económica o no.

¡Los memes no mienten, amigos!:

Lo más increíble no es que lo haga el abogado del litigante, sino que existan servidores públicos que se presten para tal calamidad. La Constitución no reza que la justicia será “imparcial”.


3.- Cobrar sin hacer nada:

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El típico “necesito dinero para las copias”. Lo sé, es indispensable cobrar lo necesario, para que nuestro trabajo se lleve a cabo con dignidad y de manera expedita. Lo que no es correcto es aplicársela al cliente el viernes, después de las 3 o después de la hora que ya cerró el tribunal y estando en “la oficina” el centro botanero.

Por este tipo de abogados, perdemos todos. A más de uno, seguro nos ha tocado escuchar a los clientes, las quejas de los últimos abogados: “solo para cobrar llaman y nada que avanza el asunto”.


4.- Dar falsas esperanzas al cliente:

Este punto va directamente para todo aquel que sabe desde un principio que el asunto no prosperará de ninguna manera y aún así lo toma, endulzando el oído al cliente con falsas esperanzas, succionandole al mismo el dinero cuan vampiro, para terminar expresando lo siguiente: .-Mire yo le dije desde un principio que este juicio no prosperaría pero, tome, mi recibo de honorarios.


5.-Tomar un asunto sin dominar la rama del derecho que se trate:

Considero que este punto es debatible. Pues si no comienzas a tomar asuntos que ciertamente no domines, no hay manera alguna en que puedas aprender y desarrollarte y crecer como abogado y como profesional.

Sin embargo, está más enfocado en el sentido de que, los abogados tomen asuntos, y no estudien. Tomar asuntos siendo inexperto y no consultar a un abogado con madurez profesional que te guíe y/o indique una dirección, no es responsable y resulta poco ético.

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Extra Bonus. Presentar Testigos Falsos.

Diría el pinguino de madagascar: “un clásico”.

Pues si, la ambición los leguleyos que practican esta actividad es grande, parece ser que no entraron a la clase de ética profesional y también se les olvido lo que dice el Exodo, capitulo 20, versiculo 16: No hablarás contra tu prójimo falso testimonio.

No basta con aleccionar al testigo, sino que este tampoco haya en ningún momento apreciado de forma empírica los hechos de la controversia, estando así en presencia de un testimonio falso.


Estas son solo algunas malas praxis de los abogados, es probable que haya omitido alguna otra. Si conoces alguna otra práctica bochornosa de los abogados, te invito amablemente me lo hagas saber a través de la caja de comentarios al final de este artículo.

La intención es hacer una pequeña reflexión; si te quedó el saco, lo siento, pero aún puedes cambiar el “switch”. Si no, te invito a no formar parte del grupo de “poco” profesionistas que ejerza alguna de estas prácticas. ¿Conoce alguno usted?


Te invitamos a escuchar en Spotify el Podcast Sin Legalismos, exclusivo de El Marco Jurídico.

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