Una historia de Covid y corrupción en Oaxaca


En días pasados un amigo del bachillerato me llamó angustiado a las 5:45 de la mañana, preguntándome si conocía algún médico de confianza que pudiera atender a uno de sus familiares que presentaba problemas respiratorios. Con los ojos cerrados por el sueño lo único que atiné a decirle es que mejor lo trasladaran a un hospital para que recibiera atención médica.

En menos de 60 minutos ya había sido trasladado hospital civil “Aurelio Valdivieso”, en donde fue atendido rápidamente, sin embargo su estado de salud era delicado, ya que el diagnostico médico lo colocaba como un caso sospechoso de Sars-Cov2 y presentaba insuficiencia respiratoria, por lo que requería vigilancia hospitalaria, con alto riesgo de requerir ventilación mecánica asistida. Por desgracia el área respiratoria se encontraba al 100% de su ocupación y fue canalizado al llamado hospital covid, el “Hospital General de la Mujer y el niño Oaxaqueño”, que se ubica en las inmediaciones de Reyes Mantecón, Oaxaca.

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De inmediato la ambulancia trasladó al paciente hasta la puerta del Hospital General de la Mujer y el Niño Oaxaqueño, a donde arribaron aproximadamente a las 8:00 de la mañana. Pero se presentó una situación inesperada, los guardias de seguridad del hospital, integrado por elementos del ejército mexicano informaron que el personal del hospital no recibiría al paciente y por órdenes superiores negaron el acceso a la ambulancia.

La voz angustiada del familiar al teléfono me llenó de impotencia, pues estábamos atados de manos para que aceptaran al paciente en ese hospital. Precipitado y sin más opción les dije que no se movieran de ese lugar, que el paciente tenía derecho a ser atendido y si se retiraban del lugar podría ser peor para la salud del paciente. Los familiares siguieron insistiendo y no se retiraron, el personal médico abordo de la ambulancia realizaba su mejor esfuerzo para mantener con vida al paciente a quien se le agravaba su situación respiratoria.

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De inmediato iniciamos las llamadas de pánico para pedir ayuda para la atención del paciente, al mismo tiempo y en cuestión de minutos elaboré a favor del paciente la demanda de amparo más rápida en mi vida profesional y la presente en el sistema en línea del poder judicial federal. Pasaron poco más 60 minutos desde que llegó la ambulancia, cuando los familiares me comentaron que personal médico había salido a informar que aceptarían el ingreso del paciente a la unidad móvil COVID que es manejada por servicios de salud de Oaxaca. ¡Por fin una noticia buena!

No pasaron más de cinco minutos cuando sonó nuevamente el celular, ahora la desesperación era porque los elementos del ejército no dejaban entrar a la ambulancia para que el paciente fuera ingresado a la unidad móvil. Afortunadamente, ese hospital tiene una entrada alterna que no es vigilada por el ejército y fue por donde ingresó la ambulancia para entregar al paciente, quien de inmediato fue estabilizado por el personal médico de la unidad móvil. Para eso ya eran aproximadamente las 9:30 de la mañana.

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Dos horas después la unidad móvil de servicios de salud de Oaxaca ya había hecho lo humanamente posible y transfirió al paciente al área de terapia intensiva del Hospital General de la Mujer y el Niño Oaxaqueño, en donde ahora si fue aceptado.

Minutos antes de las 14:00 horas recibí la llamada del actuario del juzgado de distrito, quien en ese momento había llegado al hospital para notificar la suspensión de plano decretada por el juez de distrito. Con tranquilidad le comenté que el paciente ya estaba siendo atendido en el hospital.

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A las 13:58 horas el paciente dio su ultimo suspiró y perdió la batalla como un caso sospechoso de Sars-Cov2. Horas más tarde me enteré que ese mismo día el teniente coronel encargado del hospital recibió un reconocimiento por su gran labor al frente del hospital.

Después de esa lamentable experiencia, me di a la tarea de investigar lo que estaba sucediendo en ese hospital manejado por la SEDENA mediante el Plan DN-III y porqué el hermetismo para recibir a los pacientes, enterándome que solo están aceptando el ingreso de pacientes recomendados, servidores públicos de alto nivel y presidentes municipales enviados por el círculo cercano al Gobernador del Estado; incluso, inexplicablemente, y con un gran número de personas fallecidas en nuestro estado a causa del covid-19, en ese hospital tienen camas vacías y equipo disponible sin utilizar.

No cabe duda que esta pandemia nos está mostrando una vez más que la corrupción no podrá ser desterrada ni en las situaciones más catastróficas y que tenemos una sociedad tan deshumanizada que hasta para preservar tu vida necesitas estar recomendado.

A menos que cuentes la con la recomendación respectiva, toma las medidas para no contagiarte de Covid-19 y pídele a la vida nunca llegar a un lugar como el Hospital General de la Mujer y el niño Oaxaqueño, porque ni el mejor de los amparos logrará que te puedan atender en una situación como la que he relatado…

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